martes, 23 de septiembre de 2014

MIS HIJOS ME ESTORBAN

Muchos de nosotros en la niñez jugamos la PAPA CALIENTE, juego que consistía en pasarnos un objeto y alguien, que no estaba viendo, decía muchas veces “papa caliente” hasta que al detenerse a quien le quedaba la papa le tocaba una penitencia o perdía. Este juego jamás pensé que se convertiría en una filosofía de crianza infantil donde el objeto sería el niño y la penitencia quien le toque tenerlo. Muchos padres repiten infinitamente la bendición que resulta tener un hijo y esto no tiene un ápice de falsedad. Tener un hijo es una bendición, solo que la tortura comienza con la mala crianza y el poco tiempo que le dedicamos a esa bendición. Así esa criatura crece, indeteniblemente, y se convierte en una molestia o complicación para los “padres modernos”, los “padres dinámicos”, los “padres proactivos”. Yo lo he visto por muchos años en mi trabajo, un centro de internet, donde cuando empiezan los períodos vacacionales propios del período escolar, pretenden dejarlos en mi trabajo como si aquello fuese una guardería porque “no tienen con quién dejarlos” o el niño “se fastidia en la casa” (lo que se traduce como: “el niño fastidia en la casa”). La lucha entre docentes o representantes hoy por hoy no se da en el terreno de la calidad de la enseñanza, sino de las críticas de malos hábitos de conducta. Docentes que reiteran que la escuela transmite conocimiento por encima de normas de convivencia, y los representantes que más que pedir calidad imploran les inscriban a sus hijos en lugares “seguros” para ellos poder trabajar tranquilos. El ocupar el tiempo de los hijos en actividades escolares y extra escolares también es parte de la receta de estos tiempos vertiginosos. Así los deportes, planes vacacionales, el arte, etc resulta una buena alternativa para ocupar a los hijos bajo la excelente e irrefutable excusa de que los estamos entrenando para la vida con la plusvalía de que al agotarlos físicamente tendremos un poco de paz en la casa. Me resulta muy difícil no evaluar los peligros que derivan de esto. Quizás porque la meta de muchos padres modernos es ocupar a sus hijos por encima de educar. Y cada segundo de vida en un niño es una gota de enseñanza, esté donde esté y con quien esté. Quizás tendremos hijos educados por los compañeros de clase, más los compañeros de alguna actividad deportiva, más las opiniones del instructor de algo, con una pizca de calle y mundanidad adquirida en las calles que permiten las conexiones entre cada actividad. Y así, los hijos al crecer se desdibujan, más que de nuestras intenciones y deseos de crianza, de nosotros mismos. Y la irreversibilidad de esta condición protegida por conceptos de libertinaje, de aparente autocontrol y falso dominio del ser y amparados bajo la mediocre gratitud del decir: “por lo menos son unos malandros” (que por cierto, sí puede que lo sean) frustrará la esperanza del mundo de tener mejor ciudadanos. Los hijos distan de ser un accesorio del matrimonio y requieren, agotadoramente, de las ojeras paternas para que se mantengan en el andén de la santidad, sin descarrilarse. Los hijos necesitan de Dios y del santo temor que el Espíritu Santo da como herramienta contra el mal en todas sus formas. Los hijos estorbarán en la medida en que se diluya en sus vidas la efervescencia del respeto a los padres, es decir, en la medida en que sus padres se pierdan dentro de su propio concepto y se reflejen como unos proveedores de cosas, nada más. Los hijos necesitan tener incrustados en su psique la respuesta del ¿por qué existo? (por la santidad). Los hijos necesitan saber que la calma y la quietud también forman parte de la vida. Necesitan saberse escuchar. Necesitan tener roles en el hogar que les forjen el ser disciplinados con hábitos repetidos como la limpieza. Los hijos estorban solo a los padres que estorban, a padres que viven tanto para terceros que su hogar se convierte en un refugio que se recoge en las noches y cada mañana los impulsa a un nuevo día lleno de rutina y mundanidad. Dios invierte en vida, los padres administran la inversión y los hijos son las consecuencias de la administración, no del inversionista. Dios los bendiga, nos vemos en la oración. Lic. Luis Tarrazzi

miércoles, 4 de junio de 2014

AUDIENCIA DEL SANTO PADRE FRANCISCO DEL 04-06-2014

Queridos hermanos y hermanas: En la catequesis de hoy mencioné el don de la piedad. Esta palabra, “piedad”, no tiene aquí el sentido superficial con que a veces la utilizamos: tener lástima de alguien. No, no tiene ese sentido. La piedad, como don del Espíritu Santo, se refiere más bien a nuestra relación con Dios, al auténtico espíritu religioso de confianza filial, que nos permite rezar y darle culto con amor y sencillez, como un hijo que habla con su padre. Es sinónimo de amistad con Dios, esa amistad en la que nos introdujo Jesús, y que cambia nuestra vida y nos llena el alma de alegría y de paz. Este es el don del Espíritu Santo, que nos hace vivir como verdaderos hijos de Dios, nos lleva también a amar al prójimo y a reconocer en él a un hermano. En este sentido, la piedad incluye la capacidad de alegrarnos con los que están alegres y de llorar con quien llora, de acercarnos a quien se encuentra solo o angustiado, de corregir al que yerra, de consolar al afligido, de atender y socorrer a quien pasa necesidad. Pidamos al Señor que este don de su Espíritu venza nuestros miedos y nuestras dudas, y nos convierta en testigos valerosos del Evangelio. Saludos Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México, Guatemala, República Dominicana y otros países latinoamericanos. Que el Corazón de Jesús, al que está dedicado especialmente el mes de junio, nos enseñe a amar a Dios como hijos y al prójimo como hermanos. Gracias.

miércoles, 28 de mayo de 2014

AUDIENCIA DEL SANTO PADRE FRANCISCO DEL 28-05-2014

Queridos hermanos y hermanas: Como saben, fui como peregrino a Tierra Santa. Doy gracias a Dios y a cuantos lo han hecho posible. Esta peregrinación tenía tres propósitos: El primero, conmemorar el encuentro del Papa Pablo VI y del Patriarca Atenágoras, hace 50 años, un gesto profético en el arduo pero esperanzador camino hacia la unidad de los cristianos. Con tal motivo, junto al actual Patriarca de Constantinopla, Su Santidad Bartolomé, hemos rezado pidiendo al Buen Pastor la fuerza necesaria para proseguir con tesón hacia la plena comunión. El segundo propósito ha sido animar el proceso de paz en Oriente Medio. He querido llevar a todos en el corazón, exhortándolos a ser artesanos de la paz y agradeciendo a las autoridades los esfuerzos en favor de los refugiados y su compromiso por apaciguar los conflictos. Además, he invitado a los presidentes de Israel y de Palestina a venir al Vaticano, para rezar juntos por la paz. El tercer propósito ha sido confirmar en la fe a las comunidades cristianas, que sufren tanto, y expresarles la gratitud de la Iglesia por su valiente presencia en Oriente Medio y su impagable testimonio de esperanza y caridad. Saludos Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a pedir al Señor por nuestros hermanos de Tierra Santa, por la paz en Oriente Medio y por la unidad de los cristianos. Muchas gracias.

miércoles, 21 de mayo de 2014

AUDIENCIA DEL SANTO PADRE FRANCISCO DEL 21-05-2014

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! Hoy queremos resaltar otro don del Espíritu Santo, el don de ciencia. Cuando se habla de ciencia, el pensamiento va inmediatamente a la capacidad del hombre de conocer siempre mejor la realidad que lo circunda y de descubrir las leyes que regulan la naturaleza y el universo. Pero la ciencia que viene del Espíritu Santo no se limita al conocimiento humano: es un don especial que nos lleva a percibir, a través de la creación, la grandeza y el amor de Dios y su relación profunda con cada criatura. Cuando nuestros ojos son iluminados por el Espíritu Santo, se abren a la contemplación de Dios, en la belleza de la naturaleza y en la grandiosidad del cosmos, y nos llevan a descubrir cómo cada cosa nos habla de Él, cada cosa nos habla de su amor. ¡Todo esto suscita en nosotros gran estupor y un profundo sentido de gratitud! Es la sensación que sentimos también cuando admiramos una obra de arte o cualquier maravilla que sea fruto del ingenio y de la creatividad del hombre: de frente a todo esto, el Espíritu nos lleva a alabar al Señor desde lo profundo de nuestro corazón y a reconocer, en todo lo que tenemos y somos, un don inestimable de Dios y un signo de su infinito amor por nosotros. En el primer capítulo del Génesis, precisamente al inicio de toda la Biblia, se pone en evidencia que Dios se complace de su creación, subrayando repetidamente la belleza y la bondad de cada cosa. Al final de cada jornada, está escrito: “Dios vio que era cosa buena”. Pero si Dios ve que la creación es una cosa buena y una cosa bella, también nosotros tenemos que tener esta actitud: de ver que la creación es cosa buena y bella. Y con el don de la ciencia, por esta belleza, alabamos a Dios, agradecemos a Dios por habernos dado ¡tanta belleza! Y este es el camino. Y cuando Dios terminó de crear al hombre no dijo “vio que era cosa buena”, dijo que era “muy buena”, nos acerca a Él. Y a los ojos de Dios nosotros somos lo más bello, lo más grande, lo más bueno de la creación. Pero padre, ¿los ángeles? ¡No! Los ángeles están más abajo nuestro, ¡nosotros somos más que los ángeles! Lo escuchamos en el libro de los Salmos. ¡Nos quiere el Señor! Debemos agradecerle por esto. El don de la ciencia nos pone en profunda sintonía con la Creación y nos hace partícipes de la limpidez de su mirada y de su juicio. Y es en esta perspectiva que logramos captar en el hombre y en la mujer el culmen de la creación, como cumplimiento de un designio de amor que está impreso en cada uno de nosotros y que nos hace reconocernos como hermanos y hermanas. Todo esto es fuente de serenidad y de paz y hace del cristiano un gozoso testigo de Dios, en las huellas de San Francisco de Asís y otros muchos santos que supieron alabar y cantar su amor a través de la contemplación de la creación. Al mismo tiempo, sin embargo, el don de ciencia nos ayuda a no caer en algunas actitudes excesivas o equivocadas. El primero es el riesgo de considerarnos dueños de la creación. Porque la creación no es una propiedad, que podemos gobernar a voluntad; ni mucho menos, es una propiedad de sólo algunos pocos: la creación es un regalo, es un don maravilloso que Dios nos ha dado, para que lo cuidemos y lo utilicemos en beneficio de todos, siempre con gran respeto y gratitud. La segunda actitud equivocada es la tentación de quedarnos en las criaturas, como si éstas pudieran ofrecer la respuesta a todas nuestras expectativas. Y el Espíritu Santo con el don de la ciencia nos ayuda a no caer en esto. Pero yo quisiera volver a la primera vía equivocada “cuidar la creación”, no "adueñarse de la creación". Debemos cuidar la creación, es un don que el Señor nos ha dado, para nosotros, ¡es el regalo de Dios a nosotros! Nosotros somos custodios de la creación, pero cuando nosotros explotamos la creación, ¡destruimos el signo de amor de Dios! Destruir la creación es decir a Dios: “no me gusta, esto no es bueno”. ¿Y qué te gusta a ti? Me gusto a mí mismo: ¡éste es el pecado! ¿Han visto? La custodia de la creación es precisamente la custodia del don de Dios. Y también es decir al Señor: “gracias, yo soy el dueño de la creación. Pero para hacerla seguir adelante yo no destruiré jamás tu don”. Y esta debe ser nuestra actitud con respecto a la creación. Custodiarla, porque si nosotros destruimos la creación, la creación nos destruirá. No olviden esto. Una vez, yo estaba en el campo y escuché un dicho de parte de una persona simple, a la cual le gustaban tanto las flores y él cuidaba estas flores y me dijo: “debemos custodiar estas bellas cosas que Dios nos ha dado. La creación es para nosotros; para que nosotros la aprovechemos bien. No explotarla, custodiarla. “Porque, ¿usted sabe padre?” – así me dijo – “Dios perdona siempre”. Sí, y esto es verdad, Dios perdona siempre. “Nosotros seres humanos, hombres y mujeres, perdonamos algunas veces”. Y sí, algunas no perdonamos. “Pero la naturaleza, padre, no perdona jamás y si tú no la cuidas, ella te destruirá”. Esto debe hacernos pensar y pedir al Espíritu Santo: este don de la ciencia para entender bien que la creación es el más hermoso regalo de Dios. Que Él ha dicho: esto es bueno, esto es bueno, esto es bueno y este es el regalo para lo más bueno que he creado, que es la persona humana. Gracias.